Un clásico/básico que rejuvenece,
potencia la frescura, aporta vitalidad, alegra el tocador y hace
sonreír (al aplicarlo y tras aplicarlo). Aunque no es ni mucho menos un
invento reciente, como lleva unos años en alza hay gran variedad de
marcas y tonos para elegir. Además, los coloretes en crema y las barras
de labios prácticamente solo se diferencian en el formato, por lo que
basta meter el brazo hasta el fondo en el bolso y rebuscar para
encontrar alguno.
Aplicarlo, con todo, tiene su
intríngulis, comenzando por dónde debe estar. El truco viejuno de
sonreír para marcar el lugar en el que sobresale el pómulo es un arma de
doble filo, porque no siempre da los mejores resultados. Desde Glubp
aconsejamos (qué bien ha quedado esto!) orientarse a partir de unas
sencillas coordenadas: de mitad del ojo a la oreja y del ojo al final de
la nariz. Si el resultado no convence podrá desplazarse de acuerdo con
los gustos y facciones de cada cual.

El colorete en polvo se aplica con
brocha al final del proceso, justo antes de recoger los bártulos, y crea
un efecto de muñeca de porcelana especialmente adecuado para algunos looks;
pero el colorete en crema suele aplicarse mientras aún se están
maquillando o están por maquillarse labios y ojos, antes de los polvos,
siguiendo esa regla de que las texturas húmedas van antes y las secas
después. El objetivo es que se adhiera a la piel, como la base y el
corrector, para que parezca que es un rubor que sale de dentro.

Una vez depositado el producto hay que
difuminarlo haciendo que «entre» en la piel, que forme parte de ella.
Para que el efecto sea más natural lo que nos quede en aquello que
estemos utilizando para difuminarlo (la esponja, el pincel o los dedos)
puede aplicarse en la raíz del pelo, la parte alta de los párpados o la
barbilla, de tal modo que el tono esté un poco por todo el rostro,
unificándolo. Esto da un aspecto más natural y mimetiza el efecto del
sol en la piel.

Al utilizar un colorete en crema hay dos
cosas a tener en cuenta: 1) que «baja» conforme la piel lo va
absorbiendo, por lo que es probable que al cabo de unos minutos tengamos
que volver a aplicarlo; y 2) que es muy difícil «bajarlo» cuando nos
pasamos, por lo que conviene ser precavidas y controlar. Como en todo lo
referente al maquillaje, aquí también se cumple la regla: cuanto más
capas apliquemos más natural será el efecto. Pero siempre que sean capas
finas.

Y, por último, un aviso a navegantes:
dejar más producto en el centro, en donde se aplica el pegote inicial,
está siendo tendencia entre las francesas. Repito: las francesas. Si no habéis tomado nota ya estáis tardando.
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