miércoles, 25 de septiembre de 2019

Maquillaje para dummies: corrector

Lo del corrector es algo así como un photoshop manual cuyo objetivo es camuflar las zonas del rostro que presentan un tono que no nos gusta. Ahí ya entra lo que cada cual considere, pero es aconsejable no tapar todo lo que presenta otro tono porque eso acaba dando un aspecto un tanto artificial. Lo más común es querer unificar el tono de manchas, granos, ojeras y las decoloraciones que casi todo el mundo tiene junto a las aletas de la nariz, en torno a la boca y en la barbilla.
Para camuflar hay que elegir un producto lo más parecido posible a nuestro tono de piel, o mezclar varios hasta llegar a nuestro tono, y depositarlo con el aplicador, una esponja, un pincel o (lo mejor según la mayoría) los dedos y presionar. La clave es esta: si con la base de maquillaje lo importante era difuminar, con el corrector lo que interesa es que se pegue bien a la piel y se quede en su sitio, que penetre y agarre; así que debemos hacer presión, empujar hacia dentro.
Además de acertar con el tono, para lograr el objetivo hay que elegir bien la textura. Para decoloraciones leves a veces puede utilizarse la propia base de maquillaje y si queremos camuflar un área amplia probablemente convendrá que mezclemos el corrector con la base, crema hidratante o sérum para diluirlo. En el caso del contorno de los ojos, que tiene una piel muy fina que aguanta mal el peso, lo mejor es utilizar un corrector líquido y golpear repetidamente con la yema del dedo hasta que desaparezca la ojera.
Los granos y marcas deben taparse directamente, aplicando el producto de tal modo que dejen de verse y difuminando con un pincel o los dedos el círculo que los rodea.
Si se quiere tapar una rojez pueden usarse los correctores verdes, que las neutralizan. Pero con cuidado de no pasarse y acabar con aire de marciano de serie B. Para decoloraciones muy pequeñas puede usarse uno de esos lápices de color carne, pero siempre que tenga el tono de la piel.

martes, 24 de septiembre de 2019

Frigo sí, frigo no

Que los minifrigoríficos para cosméticos que han invadido las redes en los últimos tiempos son cuquis nadie lo niega. Despiertan ese instinto latente de volver a jugar a las muñecas y tienen la gracia de todo lo mini. La cuestión es si son necesarios. Quizá debido a los impulsos consumistas de la presente era, quizá por haber tenido algunas horas tontas, en los últimos días esto me ha dado que pensar.
Ante todo, el sentido común indica que no es fácil justificar la compra de un frigo-mini si se tiene uno ya en casa de tamaño humano medio en donde pueden reservarse huecos para potingues. A no ser que la casa en cuestión sea una mansión de tres plantas en la que el tocador esté a diez minutos de la cocina y las habitaciones no cuenten con minibar. En ese caso, quizá sí se entiende el desembolso de una pasta por algo que, en tan penosas circunstancias, no entraría en la categoría de caprichos. Solo de pensar que habrá por ahí alguien con ese problema me deprimo. Pobre gente…
Con todo, persiste la duda de si es necesario mantener los cosméticos en la nevera. Los expertos dicen que no hace falta y la realidad revela que en las tiendas están en estanterías. La cosa –me decía yo estos días– es que, bien mirado, lo mismo pasa con los huevos; o con centenas de alimentos que vienen envasados y se guardan en la alacena pero, desde el momento en que se abren, nada les hace librarse de la cadena perpetua. Y, en cualquier caso, puede no ser necesario pero tampoco creo que les haga ningún mal.
Encontrándome entretenida con tan trascendental dilema, decidí acercarme a la cocina para ver qué potingues tengo yo en el frigo. Porque ya no es solo que me haya autoproclamado experta en belleza, sino que me consulto a mí misma cuando tengo alguna duda. Descubrí que guardo varios y, como soy así de maja, pensé que estaría bien compartir la lista en un post para dar ideas. En casi todos los casos se trata de cosas que potencian sus propiedades cuando se aplican frías, aunque algunos son apaños hazlo-tú-misma que realmente tienen que estar en la nevera. La regla básica es “nada compuesto de aceites”, porque eso sí que se estropea al enfriarlo.
Esta es…
Lo que tengo en la nevera
Crema hidratante fluida y contorno de ojos sin aceites
Antifaces y mascarillas de ojos, las compradas y mis apaños: rodajas de pepino, discos de algodón empapados en fluidos y bolsas de té congeladas.
Tónico, agua termal y otros espráis del mismo tipo
Gel de aloe vera y cremas para pies, tobillos y piernas
La piedra de jade rodante, que está fría en sí pero cuanto más mejor. Uno de estos días hablamos de ella.
Y, en verano y en veroño, todo lo que se pone pringoso sin deber serlo con el calor: barras de labios, lápices, correctores,… Si me acuerdo. Si no, suelo hacerme un borrón, acordarme de todos los muertos de alguien inconcreto y meterlos diez minutos en el congelador mientras reparo el estropicio.